Era un domingo cualquiera como dice la canción, Don Plinio ya andaba levantado desde las 5:30 de la mañana como todos los días, para el no había excepciones, “el que amanece temprano el día se le hace mas largo” decía, todos los domingos después de levantarse escuchaba las noticias de alguna estación de radio en secuencia AM, luego de eso acostumbraba a salir, daba una vuelta, visitar conocidos, amigos, o solamente caminar, sabia durar algunas 3 0 4 horas caminando sin rumbo fijo, a veces creo que lo hacia para ver si algo había cambiado en una semana, era un calculo de domingo a domingo, o solo caminaba hasta recordar cual fue el objetivo pro el cual salió de su casa, pero lo que se que lo disfrutaba, llegaba a su casa con la misma quejas de siempre, la espalda, la cabeza, un carro no lo vió y estuvo a punto de chocarlo, cosas así.
Pero esa mañana no salió a ninguna parte, tenia un compromiso, era un hombre de palabras, decía que la palabra valía mas que cualquier contrato firmado cuando se hacia en seriedad, Ese día debía terminar un trabajo para una pintora conocida, una de sus mejores amigas, y una de sus mas fieles clientes, o sea que ese domingo iba a trabajar, pero para el que tiene su lugar de trabajo en la casa eso no es ningún gran estorbo, encendió el interruptor de energía que alimentaba su pequeño taller donde el olor a madera y el aserrín era los mejores decoradores, trozos de madera organizado por tamaño,cajas de clavos, martillos, pedazos de cartón piedra era lo que le daba ese toque de taller que desde lejos nadie podía distinguir, hacia Marcos para cuadro, era uno de los mejores haciéndolo, pero lo mas curioso era que de tantos cuadros que tenia en su casa solo uno tenia un marco realizado por el, nunca supe el porqué, si tenia tanta buena fama
El era un hombre recto, de palabras, trabajador, dos operaciones en la cabeza no habían detenido su actividad, y su cerebro seguía funcionando a la perfección, terco, a sus casi 70 años su cuerpo no había perdido la fortaleza la cual siempre sacaba a relucir en todas sus conversaciones, aun tenia gotas de juventud, con tan solo ocho dedos y medio de diez con lo cual nació esto no le era obstáculo para nada, tomaba sus tablas de madera y la pasaba por la cierra con gran facilidad, la experiencia no se improvisa siempre me decía riendo, todo podía ser cuentos, cantos y relajo, pero cuando prendía la cierra era un cierre de cualquier conversación, la respetaba, la miraba, no perdía de vista su objeto, ya la vida le había enseñado que ella aunque era solo una maquina podía seguir quitandole mas dedos o mas vida. El sonido de los martillos golpeando los clavos en la madera que Norma como esposa y ayudante sabia hacer muy bien, el grujir de la cierra, el roce de la madera con la mesa, creaba la mejor música, “esa es la bulla que me gusta escuchar la del trabajo” una de sus frases celebres.
Era un hombre de fe, tenia fe en el mismo, en su familia, no era religioso para nada, no era un buen católico y lo sabia, visitaba la iglesia una vez al año, era para “celebrar” la muerte de un hija que falleció por un ataque de epilepsia ocurrido en la calle, no se supo de ella hasta tres días después, eso le marcó la vida, pero sufría en silencio, era un hombre Macho, no le gustaba llorar, ni que la gente supiera que también lloraba, decían que por eso había perdido la fe
en el de arriba, decían que por eso dudaba, incluso decían que era ateo, pero no lo era, yo se que no.
Apenas eran las 10 de la mañana de ese domingo, el sol ya empezaba a gobernar, Don Plinio y Doña Norma apuraban sus manos para terminar antes de la hora de la comida ese seria su cierre del día, en ese momento cuando Don Plinio se tomaba un vaso de agua fría, en un descanso de 10 minuto, y se comía un Guineo una señora con un jovencito como de algunos 13 años entraron a la zona de la casa, de dirigieron hacia el taller, con una biblia debajo del brazo y una revista en la mano derecha, la señora le dio la mano a Don Plinio, le dijo su nombre, le preguntó el de el, y seguido le hizo una pregunta sencilla: tiene usted tiempo para Dios? Don Plinio, sonrió, le hizo una seña a doña Norma, Prendió
su cierra y volvió a trabajar.