Desnudo y en el abismo desvisto mis ideas lanzandolas sin piedad a viento, observándolas como se rompen antes de caer al mar humano, viéndolas destrozarse antes de tocar la superficie carnal que las espera, como las cabezas de esos hombres decapitados que ruedan por la plaza antes miles de ojos atacantes y culpables como el filo de la guillotina que la corta.
Entre el sucio fantasmal de la humanidad se cuelan cuerpos vírgenes que se vuelven adúlteros al tener contacto con el ser humano, ser que vive pero en realidad no tiene vida, ser que respira pero respiro no tiene, ser que siente sin tener sentido, habita entre cuerpos controlados por la voz mandante de algún dios terrenal que fue sentado en el trono haciéndonos creer que era todo poderoso y escondiendo sus temores debajo de sus trajes.
El miedo cae como cae el sudor de seres misteriosos con fuerzas descomunales, capaz de vivir por largo tiempo, porque sus corazones no fueron educados para amar, sino para latir, como laten sus manos frente al cuero de un tambor que suena con mas vida que esos seres que habitan la tierra, sonido que retumba entre valles de Hierro y errumbe, calles de asfalto y carbón, villas de metal y piedra, donde el oído inteligente no puede captar el mensaje sino eco del mismo, como el eco del latir de aquellos corazones.








